La columna de los amigos: Cristian Nielsen

El fin del mundo


La literatura, la televisión y el cine de estos días están llenos de profecías.

Todas apocalípticas.

Nada parece poder salvarnos.

Nostradamus, los mayas, los gurúes hotentotes y bosquimanos o los chamanes nepaleses… todos nos condenan a la extinción cataclísmica, llena de rayos, abismos que se abren, colisiones celestiales, super erupciones, etc. Y como todo proceso del tercer milenio, los tiempos se acortan. Lo instantáneo, lo express, están a la orden del día.

En la antigüedad, los dioses se tomaban su tiempo (algunos siglos, por lo menos) para hacer algo catastrófico con el ser humano. Los profetas hacían sus proclamas con la debida antelación. Kilómetros de papiros y montañas de pergaminos iban acumulando, detallando y perfeccionando durante décadas y siglos anuncios que nunca parecían concretarse. Había tiempo para prepararse.

Pero todo ha cambiado. La humanidad quiere resultados rápidos y finales a la vista. Ya no se comprende la paciencia de aquella familia china amasando durante doce generaciones el montículo de arcilla al que recién  la decimotercera convertiría en tacitas de porcelana.

Hoy queremos anunciación, concepción, nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección todo en un mismo pack para ir después al pub a tomar unos tragos.

¿Qué una glaciación lleva 22.000 años? ¿Quién lo dice? Hollywood pudo concretarla en un par de semanas en “El día después de mañana”. ¿Qué los volcanes estallen en cadena, la tierra se abra y se trague a la mitad de la humanidad? Sí, pero nada de procesos geológicos lentos y engorrosos. En “2012”, tomás el café con leche una mañana diáfana y para el mediodía la tierra se abre y te traga sin aviso. También podemos esperar que uno de estos días se nos venga encima algún cometa o asteroide capaz de producir eso que los especialistas llaman “evento de extinción”. Sin olvidar el súper reventón de Yellowstone o el segundo Krakatoa capaces de vomitar a la estratósfera polvo y cenizas suficientes para asfixiarnos o matarnos de hambre y de frío si es que antes no nos barre algún monstruoso tsunami.

En fin, para que seguir la larga enumeración de calamidades.

¿Qué todo es posible que pase? Por supuesto.  Bastaría con llamar al celular de los guionistas y expertos en FX de Hollywood y preguntar: ¿Qué hay de nuevo, man? ¿Algo para esta tarde o mañana?

Claro que si le preguntamos a Natura, nos dirá que es cuestión de tiempo.

¡Ah! Ahí está la clave. El tiempo. Los humanos tenemos cada vez menos paciencia y queremos ver y comprobar todo durante  nuestra efímera vida en la tierra.

Las últimas estimaciones acerca de la edad del hombre como especie son de unos 2.500.000 años. La tierra tiene 4.500 millones. Es decir, estamos ocupando hasta ahora como especie el 0,05 % de la historia de la tierra.

Una miseria, un soplo, un raspón en la inestable corteza del planeta. Sin embargo, nos creemos la gran cosa y estamos convencidos de que nada hay más grande, trascendente e importante que la especie humana. Y que desaparecidos nosotros, todo termina.

¿Será así?

A ver. Basta con subir a 500 metros de altura y los seres humanos nos volvemos indistinguibles de nuestro entorno. A 5.000, las ciudades son cuadrículas o dédalos de líneas y parcelas con lunares en forma de edificios. A 50.000, sólo se divisa una mancha difusa en medio de marrones o verdes. Y a 500.000 metros, bueno… todo rastro humano virtualmente desaparece y el campo visual nos muestra sólo las masas continentales.

A 500 kilómetros…

Con la luna a 375.000 y el sol a l49.000.000 de kilómetros, apenas nos asomamos a nuestro sistema solar y ni hemos arañado aún la cáscara exterior de la galaxia a la que pertenecemos, la Vía Láctea.

Así de insignificantes quedan nuestros portentosos logros.

Pero nos creemos el principio y el fin de todo y que cuando llegue “el fin del mundo” todo acabará. En realidad, quienes acabaremos seremos nosotros.

El fin del mundo va a llegar inexorablemente. Pero no pasado mañana ni cuando a los mayas, a Nostradamus o a James Cámeron se les antoje. Cuando llegue, es posible que hayamos desaparecido miles o millones de años antes.

Mientras tanto, sería bueno seguir disfrutando la estadía en esta isla increíblemente hermosa llamada tierra. Nos ha sido dado, a cada uno de nosotros, muy poco tiempo en el paraíso como para dilapidarlo en pesadillas apocalípticas.

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5 Respuestas a “La columna de los amigos: Cristian Nielsen

  1. Santiago Navarro

    Qué grande, Nico! Me hiciste acordar de George Carlin.

  2. Muy bien escrito Nico!

  3. Y si Cerro gana la Libertadores no es un anuncio del fin del mundo?
    O las calles están en optimas condiciones?
    O si hay seguridad en las calles?
    O si……..?

  4. en realidad muy profundo aunque paresca simpatico la exposicion pero es la realidad tendriamos que relarjarnos mas y disfrutar de nuestra pasantia tan corta por este planeta llamada tierra.ser solidario y mas paciente con los demas .un abrazo nico

  5. MUY BUENO….!!!A RELAJARNOS ….Y ESPERAR…JA JA

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