Imágenes que perduran.

Asunción era limpia. No había basura acumulada en sus esquinas, los barrenderos municipales con sus carritos tubulares circulaban todo el tiempo, salvo por las siestas en que se recogìan bajo la sombra de alguna planta de apepú que resistía de pie la acometida impetuosa del clima. Los “merceditas” de la línea 13, recorrìan puntualmente desde barrio Obrero hasta barrio Jara, pasando por la calle 5a, Montevideo y el centro para desembocar a la avenida Mcal. Lòpez hasta Rca. Dominicana, allì giraban. Juan Ramón Ayala ofrecìa su chipá barrero por las mañanas, con su enorme canasto sobre la cabeza ( haciendo equilibrio), su zapatilla “japonesa”, su reluciente reloj y su radio a transistores colgada en el pecho. Algunos se resistían comprar de él, “nda joguai chéne la chipá che rapicha arriero gui…chipá, kuñá ovendè vaërä””, decìan. El tiempo siguió su rumbo,aquello quedó atrás, pero hay imágenes que perduran.

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