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Papá Noel no llegará

Hola papá.

Hola papá.
Hoy hace 30 años que decidiste cargar sobre tus huesos ese cuerpo cansado. Metiste en tus bolsillos tus recuerdos y sin pasaje alguno partiste. 
Sé que estas palabras no las vas a leer, porque estoy seguro que en el más allá, no tienen internet, pero tu alma, la de muchos,  nos suelen visitar en los sueños, en las remembranzas y eso es como si estuvieras presente.
Podría jurarte que casi no existen días en que no te recuerde, cosas buenas y no tanto, que hemos vivido juntos.  Justamente hoy  (con este calor de porquería) estuve rememorando aquellas visitas que en las tardecitas de domingo invernales, hacíamos al tío José y a la tía Nereira, allá en barrio Jara en donde llegábamos en la línea 13, el Merceditas.  Con mis primos José y Carmen, mirábamos televisión en blanco y negro, y los mayores, hablaban de cosas de gente mayor. Mi serie favorita era “Laramie”, una serie de cowboys en donde casi no había tiros pero abundaban las trompadas.
Nos despedíamos ya cerca de media noche y caminábamos una veintena de cuadras hasta llegar a la avenida Mariscal López, lo hacíamos jugando a no pisar las rayas de las baldosas de las veredas, (me preguntaba cómo hacías para no pisarlas) o tratábamos de adivinar si el vehículo que venía a la distancia era auto, camioneta o camión. Recuerdo que querías llevarme de la mano, yo prefería tenerla en el bolsillo de mi campera de corderoy  con cuello “de piel”. Las mansiones  de la avenida Kubistchek nos saludaban con su silencio, su quietud y sus frondosos árboles.  Y vos…con tu infaltable “Reina Extra” encendido entre los labios.
Eran los años 60, y transitaban  colectivos en plena medianoche y madrugada, abordábamos la línea 6 o el 12, el que aparecía primero, en ellos cruzábamos una ciudad ya dormida, sumida en una quietud que invitaba al descanso. A veces los colectivos se llenaban en el centro, en donde acababa de culminar alguna función en el Teatro Municipal.
Cuando el colectivo llegaba a la calle 5ª, nos preparábamos para descender, en la esquina indicada nos bajábamos y el viento helado nos recordaba que el sueño terminó. Llegamos. Mañana hay que ir a la escuela.
Mi viejo querido, es bueno recordarte. Es bueno tener un montón de elementos para hacerlo aunque los años vayan sumando alejándonos cada vez más de aquellos tiempos inolvidables.
Escenas, palabras, gestos siempre estarán al alcance de mis recuerdos.